Introduce piano el gorrión,
cuatro notas
agudas, limpias, sutilmente minúsculas,
ofreciéndose el tema súbitamente forte:
la persiana arrastrada contra su voluntad.
Apenas reiniciada la consciencia,
me cobijo en la huella de mi cuerpo
desde mi puesto de vigía al acecho
de señales de vida.
Y ahí están. Aparecen
nuevas voces, ajenas
a su papel
vital en esta pieza:
el zumbido del tráfico,
una tos percusiva,
una respiración cabalmente binaria,
campanas, voces, llaves,
puertas, alarmas,…Tutti.
Inexorable, al fondo,
el preciso obstinato del reloj,
advirtiendo que
el tiempo
no está para estas cosas.

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