Ven a buscarme aquí,
donde un soplo divino
difumina las hojas y la lluvia.
Alienta
sobre los montes verdes,
salpicados de hortensias
y desplaza las nubes
apresuradamente
hacia un lejano azul.
Aquí, donde las olas
interpretan sin tregua,
a corazón abierto,
su concierto barroco
para órgano de agua
y esqueletos marinos.
Aquí, donde la tarde
templada trae aromas
a yodo y eucalipto,
que el alma saborea
como un plato apacible
con unas gotas de melancolía.

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