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jueves, 10 de marzo de 2022

Bocetos

 


Ahora cierro los ojos

y consigo evocar

el aroma caliente

de la mies en verano,

esos largos domingos,

mojados junto al río.

 

Por entonces, jugábamos

alborotando juncos y libélulas,

amaestrando grillos,

persiguiendo

la sombra de los álamos.

 

Recuerdo ese olor húmedo,

la humedad también huele a renacuajos,

tortilla de nevera y pies descalzos.

 

Andábamos creciendo,

por entonces,

bocetos de futuro inacabados,

flotando a última hora de la tarde

en el gozo sutil de la inocencia.

domingo, 21 de febrero de 2021

Sinestesia




 

Ven a buscarme aquí,

donde un soplo divino

difumina las hojas y la lluvia.

 

Alienta

sobre los montes verdes,

salpicados de hortensias

y desplaza las nubes

apresuradamente

hacia un lejano azul.

 

Aquí, donde las olas

interpretan sin tregua,

a corazón abierto,

su concierto barroco

para órgano de agua

y esqueletos marinos.

 

Aquí, donde la tarde

templada trae aromas

a yodo y eucalipto,

que el alma saborea

como un plato apacible

con unas gotas de melancolía.

 

Amanecer Opus 1

 


Introduce piano el gorrión,

cuatro notas

agudas, limpias, sutilmente minúsculas,

ofreciéndose el tema súbitamente forte:

la persiana arrastrada contra su voluntad.

 

Apenas reiniciada la consciencia,

me cobijo en la huella  de mi cuerpo

desde mi puesto de vigía al acecho

de señales de vida.

 

Y ahí están.  Aparecen 

nuevas voces, ajenas

a su papel  vital en esta pieza:

el zumbido del tráfico,

una tos percusiva,

una respiración cabalmente binaria,

campanas, voces, llaves,

puertas, alarmas,…Tutti.

 

Inexorable, al fondo,

el preciso obstinato del reloj,

advirtiendo  que el tiempo

no está para estas cosas.

Ruas do Porto

 


Sólo el Duero,

que nutre, generoso,

sus tierras y a sus gentes,

puede bañar esta melancolía,

esta belleza con semblante añejo,

con sabor a fado,

con olor a vino.

Vago por sus riberas y me empapo de vida,

la luz del sol tiembla húmeda en su cauce.

 

Sólo el Duero,

que ha lamido goloso

los viñedos de Iberia,

merece una corona

de tirantes de hierro,

fuerte y majestuosa.

 

Me decido a trepar por las calles angostas

y sumergirme, anónima, en el denso bullicio.

Abandono en su orilla las adegas

y lentamente subo.

Subo a la catedral,

subo a las plazas,

subo a la torre y busco

dónde posar los ojos para bajar al Duero.

Adagio

 

 


Nada de lo que fue

me ocupa ahora,

sino seguir el viento

acariciando

los cañaverales.

 

Lo que será

 tampoco es mi tarea,

 tal vez sólo esparcir

un poco de cacao

 sutilmente en mi boca…

 

…y no pensar siquiera,

abandonarme

al olor de la sal,

mecerme en el vaivén

sereno de tus ojos.

 

Hoy que la tierra

gira más despacio

y en el paisaje inmóvil

sólo un niño persigue

gozoso su cometa.

Presencia

  Poema: Nieves Alegre Sastre Realización e interpretación: Inés Bartolomé Alegre