Mirar de frente al toro y esperar,
siempre huye.
Zambullirse sin miedo en uno mismo,
antes de ir a la luna o a la playa.
Asirse a cualquier clavo,
aunque casi esté ardiendo.
Apuntarse el primero,
nunca a un bombardeo.
Ser un forofo de la sinestesia
y, por
supuesto, amar
desde los cuatro puntos cardinales.

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