Páginas del blog

domingo, 21 de febrero de 2021

Sinestesia




 

Ven a buscarme aquí,

donde un soplo divino

difumina las hojas y la lluvia.

 

Alienta

sobre los montes verdes,

salpicados de hortensias

y desplaza las nubes

apresuradamente

hacia un lejano azul.

 

Aquí, donde las olas

interpretan sin tregua,

a corazón abierto,

su concierto barroco

para órgano de agua

y esqueletos marinos.

 

Aquí, donde la tarde

templada trae aromas

a yodo y eucalipto,

que el alma saborea

como un plato apacible

con unas gotas de melancolía.

 

Amanecer Opus 1

 


Introduce piano el gorrión,

cuatro notas

agudas, limpias, sutilmente minúsculas,

ofreciéndose el tema súbitamente forte:

la persiana arrastrada contra su voluntad.

 

Apenas reiniciada la consciencia,

me cobijo en la huella  de mi cuerpo

desde mi puesto de vigía al acecho

de señales de vida.

 

Y ahí están.  Aparecen 

nuevas voces, ajenas

a su papel  vital en esta pieza:

el zumbido del tráfico,

una tos percusiva,

una respiración cabalmente binaria,

campanas, voces, llaves,

puertas, alarmas,…Tutti.

 

Inexorable, al fondo,

el preciso obstinato del reloj,

advirtiendo  que el tiempo

no está para estas cosas.

Adán y Eva

 

Pintura de Pablo Caballero


Entonces fueron abiertos los ojos de ambos 

y conocieron que estaban desnudos. (Génesis, 3.7)


Desnudos frente al mundo,

un hombre, una mujer se abrazan, solos,

secuestrados entre tanta belleza       

(todo por estrenar: la fresca hierba,

el color de las flores,

fruto de las distintas longitudes de onda

captadas por sus ojos, aunque no lo sabían),

retozando en el fútil placer de la ignorancia.

 

Algo eclosiona, contra todo pronóstico,

bajo la intensa luz del mediodía

y toma la manzana. Soberbiamente hermosa,

ella le invita a cuestionarse todo,

a tocar el resorte del estremecimiento,

y él se deja tentar:

saborear el fruto de la ciencia,

alcanzar las estrellas, bucear

en la ignota estructura de pequeñas partículas

que construyen el mundo, dejar atrás el cómodo,

el insulso reposo y arriesgarse,

con las manos vacías.

¡Qué magnífica empresa para un hombre

y una mujer que se saben desnudos!

 

 

 

Ruas do Porto

 


Sólo el Duero,

que nutre, generoso,

sus tierras y a sus gentes,

puede bañar esta melancolía,

esta belleza con semblante añejo,

con sabor a fado,

con olor a vino.

Vago por sus riberas y me empapo de vida,

la luz del sol tiembla húmeda en su cauce.

 

Sólo el Duero,

que ha lamido goloso

los viñedos de Iberia,

merece una corona

de tirantes de hierro,

fuerte y majestuosa.

 

Me decido a trepar por las calles angostas

y sumergirme, anónima, en el denso bullicio.

Abandono en su orilla las adegas

y lentamente subo.

Subo a la catedral,

subo a las plazas,

subo a la torre y busco

dónde posar los ojos para bajar al Duero.

Adagio

 

 


Nada de lo que fue

me ocupa ahora,

sino seguir el viento

acariciando

los cañaverales.

 

Lo que será

 tampoco es mi tarea,

 tal vez sólo esparcir

un poco de cacao

 sutilmente en mi boca…

 

…y no pensar siquiera,

abandonarme

al olor de la sal,

mecerme en el vaivén

sereno de tus ojos.

 

Hoy que la tierra

gira más despacio

y en el paisaje inmóvil

sólo un niño persigue

gozoso su cometa.

sábado, 20 de febrero de 2021

Consejos para un superviviente

 


Mirar de frente al toro y esperar,

siempre huye.

Zambullirse sin miedo en uno mismo,

antes de ir a la luna o a la playa.

Asirse a cualquier clavo,

aunque casi esté ardiendo.

Apuntarse el primero,

nunca a un bombardeo.

Ser un forofo de la sinestesia

y,  por supuesto, amar

desde los cuatro puntos cardinales.


Parece inverosímil

 


Parece inverosímil,

pero existe un espacio

intensamente lúcido

después del sufrimiento,

donde se manifiesta

inequívocamente

el poder creador de tus deseos;

 un hueco, una ventana

para observar las cosas,

los diversos matices,

tonos de la existencia.

 

A estas alturas, no me cabe duda,

la existencia es lo único que flota

en este proceloso mar de fondo.

 


Poema épico



 A todos los John Galt

Entonces J. le miró a los ojos

sin sorpresa, sin odio,

sin movimiento alguno de su alma.

Y es así que se fue,

dejándolo acolchado

en ese pobre espacio

de felicidad hueca.

 

John Galt partió hacia el norte,

la pisada segura,

el pensamiento claro,

componiendo a su paso

ingenios y cantatas,

proyectos e ilusiones.

 

Construyendo caminos

que van a alguna parte,

al fin plantó su huella

en la pequeña Atlántida,

donde lo justo es justo

y la verdad es cierta.

Presencia

  Poema: Nieves Alegre Sastre Realización e interpretación: Inés Bartolomé Alegre